Caída y auge de Reginald Perrin. Grot

Reginald Perrin abre su primera tienda de productos inútiles, Grot. Los primeros clientes no parecen muy entusiasmados con el nuevo concepto, y salen de allí sin comprar nada, pero este hombre que nos ocupa, que llega buscando un regalo improvisado para su cuñada, se convertirá, sin él saberlo, en el cliente fundacional de lo que será el imperio comercial de Reginald Perrin, con sucursales en Europa, y secretarias despampanantes en las oficinas.

Cliente: Buenos días
Reginald: Buenos días
Cliente:¿Todo lo de esta tienda es inútil?
Reginald: Todo, señor.
Cliente:¿Y qué fin tiene eso?
Reginald: Se vende tanta porquería hoy sin decir que lo es, que yo he decidido ser honrado.
Cliente: Ah, esa es una buena razón.
Reginald: Gracias, señor.
Cliente:¿Este vino es malo?
Reginald: Es simplemente horroroso.
Cliente: Vera usted, estoy buscando algo para la hermana de mi mujer.
Reginald:¿No simpatizan?
Cliente: Nos odiamos.
Reginald:¿Le gusta el vino?
Cliente: Sí, no hay cosa que le guste más.
Reginald: Encontrará que el vino de ortiga, a 1’25, es malo. Si quiere algo peor, el vino de nabo, a 1’45, es horrible. Pero si prueba el de col, a 1’75... ¡Es espantoso!
Cliente:¿1’75?
Reginald: Es nauseabundo, se lo prometo.
Cliente: Cuanto más malo, más caro... ¿Este es el peor de todos?
Reginald:¿Ha probado piel de lagartija mezclada con escarabajos?
Cliente: No, nunca lo he probado. ¿Tan malo es?
[Reginald descorcha una botella y se la da a oler. El cliente hace un gesto de repugnancia].
Reginald: Y es sólo el olor...
Cliente: Me ha convencido.
Reginald: Muy bien. Perfecto, señor. 1’75. Muchas gracias y que lo disfrute. 25 de cambio. Si le gusta a su cuñada, le devolveré el dinero.
Cliente: ¡Qué tienda tan rara!


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