Camarón

En el mismo año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de la Expo Universal de Sevilla, del 500 Aniversario de la Masacre de América, moría, en Badalona, de un cáncer de pulmón, a los 41 años, Camarón de la Isla. En las tierras del Sur fue una de las grandes noticias del año. Los flamencólogos, los gitanos, los aficionados a la música en general, lloraron su pérdida en días negrísimos de luto. Aquí en el Norte, sin embargo, en las tierras frías y brumosas donde el flamenco es una música étnica que a veces sacan por televisión, apenas nos llegó el rumor sordo de la tragedia. Sabíamos quién era Camarón, claro está, un gitano rubio, delgado, consumido por el tabaco y las drogas, que a decir de los entendidos había revolucionado el arte de cantar. Y poco más. La mayoría, sorprendidos en la calle por un micrófono, no habríamos sabido mencionar ni una sola de sus canciones, incultos, indiferentes, habitantes de un planeta que orbita a mil kilómetros del sol gaditano. Los únicos aficionados al flamenco que llegué a conocer en Invernalia, contados con los dedos de una mano, eran andaluces que allá en su juventud vinieron a picar el carbón en las minas, y que se trajeron consigo el arte y el poderío, para el disfrute casi particular, o en pequeños conciliábulos de los compatriotas.


     Hasta hoy mismo, que he visto la película Camarón, mi desconocimiento sobre el personaje seguía siendo mayúsculo. A veces, por las noches, en Radio Clásica, cuando el sueño se niega a acostarse conmigo y se demora por las habitaciones de la casa, sintonizo programas de flamenco en los que de vez en cuando recuperan su voz, dolorida, poderosa, lastimera. Tienen que decirme, de todos modos, en la introducción de los temas, que se trata de Camarón para yo reconocerlo, indistinguible, para mi oído sin educación, medio sordo además, de otros cantaores del género que vienen a sonarme lo mismo, quejumbrosos y cazalleros. Los lolailos, que aquí siempre hemos dicho despectivamente, como señoritingos de unas tierras más nobles donde nacieron los reconquistadores y se fraguaron, fíjate tú, los cimientos de la Patria. 


         Sé que no tengo perdón, ni excusa, con este asunto de Camarón, pero quiero, al menos, confesar aquí mis pecados musicales. Ahora, al menos, gracias a la película de Jaime Chávarri, sé dónde ubicar a Camarón en el mapa de la geografía, y en el mapa de su relevancia. Y eso que la película no es, precisamente, una joya. El argumento va metiendo las patorras en casi todos los charcos embarrados del biopic. A sus responsables les puede el melodrama, el chiste cursi, el retrato simplón de los sentimientos. Se nota mucho lo que quieren esconder, lo que quieren mostrar, lo que quieren subrayar, y a veces utilizan trucos muy baratos, de tienda de chino, o de mercadillo de pueblo. No exponen a Camarón para que el espectador decida por sí mismo, y ponga las luces y las sombras allá donde estime conveniente. Te lo enseñan, te lo esconden, te lo regatean como toreros con la muleta, o como futbolistas con el balón. Tratan de dirigir tus emociones con las musiquillas de la banda sonora, ahora infantiles, ahora negras, ahora románticas, y uno se siente manipulado y un poco idiota. Si la película no es gran cosa, el documento es, en cambio, impagable. Camarón, como lección de cultura general, como introducción al flamenco, como clase intensiva de biografía, bien vale el acercamiento. Y está, por supuesto, Óscar Jaenada, que antes de empezar a rodar pasó por el quirófano para quitarse su propia piel y enfundarse ésta otra del Camarón, que le queda perfecta, como de hermano gemelo. Impagable, el tío. Se que en la red le odian mucho, mis compinches del romanticismo, por estar casado con ese objeto del deseo global que se llama Bárbara Goenaga, inalcanzable para los mortales que no trabajamos en el cine, ni en la tele, ni metemos goles en los campos de Primera División. Pero yo, desde aquí, a riesgo de ser expulsado de la tribu, le envío un saludo a don Óscar. Olé. 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com