El comedia sexual de una noche de verano

Nada de provecho he sacado de La comedia sexual de una noche de verano, que parecía una película pintiparada para la ocasión, ahora que estamos a las puertas de las vacaciones, y que repuntan la ganas de reír y de follar. A mi hermano Woody le salió un enredo de amores cruzados y matrimonios tambaleantes que sólo me pìnta unas cuantas sonrisas. Ni siquiera el elenco femenino contribuye a elevar mi ánimo melancólico: Mary Steenburger y Mia Farrow son dos mujeres de atractivos incuestionables que por alguna razón, quizá por una enfermedad gravísima de mis apetencias, nunca han conseguido que yo las amara como ellas se merecen. Es por eso que en La comedia sexual... no logro comprender a sus pretendientes masculinos, que se las rifan en terribles ordalías verbales a la orilla del arroyo, y me pierdo sin remedio entre sus deseos, incapaz de sentir lo que ellos sienten por estas mujeres de gesto glacial y apariencia monjil.

Adrian [Mary Steenburgen]: ¿Puede haber amor sin sexo?
Andrew [Woody Allen]: ¡Oh!, a veces creo que las dos cosas son completamente distintas.
Adrian: ¿Cómo...?
Andrew: Bueno, el acto sexual alivia tensiones, y el amor las crea. 



           Sí estoy enamorado, en cambio, aunque se nos quedó algo pequeñita y comprimida, como achatada por los polos, de Anna Chlumsky. Aquella niña de My Girl ha sumado desde entonces la misma cantidad de años que de centímetros. Sin embargo, en su escaso metro y medio de estatura, apretadas y ubérrimas, caben las grandes curvas que dignifican a las grandes mujeres. Y allí arriba, o allí abajo, coronando tal hermosura, su rostro: pómulos volcánicos, labios hipersexuales, ojos de un verde marino que te dan ganas de zambullirte en ellos y morir ahogado de pasión, y de ternura. Anna es la secretaria personal de Julia Louis-Dreyfus en Veep. Es una mujer hermosa, competente, divertida. El personaje, y Anna misma. Ella es el nuevo amor de este año, que va transcurriendo tan triste, tan cabizbajo, tan poco enamoradizo. Desde el mes de abril que reinaba en mi corazón Taraneh Alidoosti, la iraní más bella que vieron los persas y los medos, los sasánidas y los partos. Dos meses de reinado indiscutido e indiscutible. Que descanse, pues, mi emperatriz del Oriente. Se lo tiene bien merecido.  

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