Recuerdos

No sé por qué jamás había visto Recuerdos. Son las cosas que me ocurren por hacerle tanto caso a la Crítica Oficial, de la que siempre estoy escribiendo maldades en este diario, pero que luego, en la intimidad del salón, a la hora de elegir la película de la noche, pesa en mi ánimo de cinéfilo como una tonelada de sabiduría polvorienta. Se aprovechan de mi inseguridad, de mi falta de conocimientos, endosándome una sapiencia muchas veces desfasada, que se escribe en el momento y luego carece de perspectiva. Los críticos han sido muy injustos, esta vez, con Woody Allen. Me han escondido Recuerdos durante años, bajo siete llaves, con un aviso de “¡Peligro, electrocución!” pegado en cada crítica, y en cada DVD.


Leo en internet que el padre de Charlotte Rampling era un coronel del Ejército Británico que llegó a ser un alto cargo de la OTAN. Su madre, en el polo opuesto de las actividades humanas, era pintora y artista. Uno, en Recuerdos, queda embobado contemplando el rostro de Charlotte, y se da cuenta de que, en su caso, ambas sangres han alcanzado un entendimiento perfecto para edificar su hermosura. En otras personas, la lucha soterrada de los genes deja el cuerpo como un campo de batalla maltrecho; en Charlotte, en cambio, pudo más el espíritu de entendimiento entre los cromosomas, y todos al unísono perfilaron un rostro anguloso, de pómulos afilados, que sin embargo te derrite con una mirada de gata en apuros, arisca pero necesitada. Lo que construyeron de cuello para abajo se aventura menos afortunado, quizá derrotados por el esfuerzo escultórico del rostro, quizá enredados al fin en una guerra civil de fusiles paternos contra pinceles maternos. Pero poco nos importan el cuerpo o las curvas de Charlotte, enamorados ya como tontos de esos ojazos...



Asistente a la conferencia: Sus películas son psicológicas, jamás políticas. ¿Dónde está políticamente?
Sandy Bates-Woody Allen [desde el atril de conferenciante]: ¿Qué puedo decir a eso? Yo estoy... por una absoluta y honrada democracia. Claro que también creo que el sistema americano puede funcionar...


Asistente a la charla: ¿Cree en realidad que existe la compañera perfecta? Me refiero a si no cree que la base de toda relación es siempre un compromiso?
Sandy Bates [con el micrófono en la mano, desde el escenario]: Yo creo que el éxito de cualquier relación no está basado ni en el compromiso, ni en la madurez, ni en la perfección. En verdad está basado en la suerte. La gente no quiere reconocerlo porque significa una pérdida de control, pero lo primordial es tener suerte.

            O como decía Marcial Ruiz Escribano, el Gañán, con menos finura, pero con más gracejo: “El gorrino y  la mujer, acertar y no escoger”.


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