Woody Allen: el documental III

Casi al final de Woody Allen: el documental, aparece, para joder la marrana, un cura católico llamado Robert Lauder que es presentado en el subtítulo como profesor de filosofía y crítico de cine. El reverendo, claro está, arrima el ascua a su sardina, y aunque se nota que en el fondo simpatiza con el director neoyorquino, aprovecha la invitación para lanzar unas cuantas chinitas teológicas, y hacer de contrapunto a la visión atea y nihilista que el muy judío publicita en sus películas. “Ya que estoy aquí, y que encima me sacan con alzacuellos, voy a reivindicar un poquito el nombre del Creador”, debe de pensar. Y está en su derecho, por supuesto. Lo que pasa es que alguno de sus razonamientos no se entienden muy bien, como este último con el que se despide de los espectadores:
Camus decía: “No quiero morir. No quiero que muera nadie a quien quiera. Pero yo moriré, y morirán todas las personas a las que quiero. Y eso hace de la vida un absurdo”. Y Woody cree eso, pero es capaz de llevarlo con humor. Y creo que eso se lo hace un poco más fácil. Pero me gustaría preguntarle: “Si la vida es tan absurda, tan terrible y brutal, ¿por qué nos estamos riendo?


¿Quiere esto decir que para él, para los católicos, la risa es una prueba de la existencia de Dios? ¿Qué los momentos de felicidad que a veces nos regala la vida -casi siempre doliente, o aburrida, generalmente abúlica e intrascendente, premuerte de la nada- son chispazos de divinidad, confetis filtrados desde las nubes, trocitos de cielo que nos regalan como anticipo de la inmensa felicidad -al parecer descacharrante- que nos aguarda Allá en las Alturas? ¿Es esto la teología que se discute en los seminarios, en los concilios, en los cónclaves purpurados? ¿O sólo es una opinión personal del reverendo Lauder, que cada vez que se ríe con un chiste de Woody Allen recibe la visita del Espíritu Santo, en forma de paloma que aletea alegremente por su salón? Que nos lo expliquen en otro documental, por favor: Por la carcajada hacia Dios, o Woody, el mensajero involuntario de la Esperanza. Que algún heroico voluntario los vea cuando se estrenen y luego nos lo cuente.

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