The Big Bang Theory

Voy viendo con mi hijo, cuando los deberes y los madrugones no conceden un respiro, la cuarta temporada de The Big Bang Theory. O debería decir, más bien, de la cuarta temporada de Sheldon Cooper y sus amigos. Porque el personaje de Sheldon, cada vez más soberano, es el alma imprescindible de esta serie. Cuando cede el protagonismo a los personajes secundarios, la comedia se empobrece, y el bostezo nocturno asoma su patita. De esos chistes facilones de travestidos y pajilleros están repletas las ficciones españolas. No necesitábamos alforjas para este viaje sobre el Atlántico. Sin embargo, cuando Sheldon regresa al centro de las tramas y su autismo acapara los soliloquios y las confusiones, Big Bang se vuelve delirante, imprevisible, brillante. Del suspenso al sobresaliente, con su mera presencia. Sólo a su alrededor, como apóstoles rodeando a su profeta, encuentran su verdadero sitio los secundarios. Sus andanzas particulares nos la traen floja, muy floja. Poco sabemos de los Doce Apóstoles en los Evangelios, más allá de sus nombres y sus oficios. Algún diálogo suelto por aquí, alguna andanza resumida por allá. Son escritos modélicos que van al grano de su personaje principal, donde están las enseñanzas y las moralejas. De Leonard Hofstadter y compañía nos bastaba con saber su condición de compañeros de piso, o de trabajo. Lo demás es superfluo, muy poco enriquecedor. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com