Ted

Dos meses ha durado la travesía de Pitufo por el desierto de La que se avecina. Un desierto por el que ha vagado él solo, sin compañía de nadie, enfrentado a su propio destino. Son cosas de sus compañeros del colegio, que lo lían, que lo convencen, que lo llevan por el mal camino de la ficción. Él es un chico inteligente, con gusto, con vocación de cinéfilo, pero ha caído, como siempre, como todos nosotros, en algún recodo del camino, en las malas compañías.
Ahora que Pitufo, en las vacaciones, sin la compañía de sus maléficos asesores, ha regresado al buen redil de las ficciones decentes, aprovecho la ocasión para ver Ted junto a él.  La sorpresa ha sido mayúscula. Uno ya esperaba, porque había visto los avances, el taco, el pasote, el chiste soez del osito peluchón. Pero no, desde luego, este despiporre que protagoniza el jodido animal, sólo modosito y entrañable en su cubierta de felpa, pero negro como el carbón en su alma de pecador lujurioso y malhablado. Un Louis C.K. reducido en altura y rellenito de guata. 


Cuando oigas un mal trueno,
nada has de temer,
agarra compi-trueno
y gritad a la vez:
¡Que os follen! ¡Chupadmela bien!
No me pilléis truenos,
 ¡solo sois pedos de Dios!

Así canta Ted en la cama junto a su amigo Mark Wahlberg cuando caen los truenos y se caga de algodón por la pata abajo. La ya archifamosa Canción de los compitruenos... Un meme dawkinsiano que se propagará y perdurará por generaciones. Una muestra, en su límpido vocabulario, del tono general de la película. Pitufo, por supuesto, se lo ha pasado teta. Para qué describir su regocijo de pre-adolescente con chupi, o con cañón, teniendo a mano esta palabra tan acorde y pertinente. Pasárselo teta. Siempre me gustó esta expresión, tan gráfica, tan primaria, que lo mismo sirve para describir la felicidad de un lactante que la de un adulto deseoso de cariño. El anhelo y la obtención del pezón, nutricio y sagrado, reconfortante y tibio.
Al terminar la película entro en IMDB para consultar esa curiosa sección que lleva por título Parents Guide, una especie de Index Prohibitorum que no elaboran los responsables de la página, sino los padres responsables  que vierten ahí, al detalle, en lujuriosas palabras y bárbaras descripciones,  los peligros morales que acechan al desinformado espectador. Parents Guide promete emociones fuertes en el caso de Ted,  con ese osito  tramposo que sirve de gancho a los tiernos infantes.   


En la sección Sex & Nudity se detallan los siguientes pecados, con una puntuación de 8 sobre 10 en la Escala Moral de los Padres Asustados (EMPA). Las cursivas son mías. 


·        El culo de John es visto durante cinco segundos
·        Los pechos de una mujer son visibles mientras Ted dibuja sobre ellos, pero sólo unos pocos segundos.
·        3 sexual jokes light. [¿Qué diantres es un joke light? ¿Qué diantres significa diantres?]
·        Ted escenifica rituales sexuales: se frota con la caja registradora, se introduce en la boca un objeto fálico, se dispara crema de manos en la cara.
·        Ted tiene sexo con una mujer sobre el suelo. Sus pantys están caídos alrededor del tobillo y ella gime como si Ted estuviera empujando entre sus piernas. Las caras de Ted y de la mujer no se ven.


Estos Vigilantes de la Polla sí que se lo han pasado teta, dándole al rewind y al rewind para cronometrar los desmanes con calvinista perfección, regodeándose en la descripción exacta del plano como si ellos fueran los directores del asunto, o los scripts que todo lo apuntan para dar continuidad a los planos posteriores.
En la sección Profanity, con un 9 sobre 10 en la escala EMPA que ya es casi la antesala del infierno, se nos detalla que la palabra “fuck” se pronuncia 55 veces en el metraje, amén de otras profanidades entre las que se incluyen culo, gilipollas, coño, tetas, polla, hijo de puta, cabrón y, por supuesto, la entrañable motherfucker que tanto añoramos los veteranos de The Wire, indispensable saludo entre los habitantes del gueto que aquí, en castellano, desde los tiempos pretéritos del You sexy motherfucker de Prince, sigue sin contar con una traducción acertada, más allá del follamadres tan poco afortunado, y tan poco eufónico en nuestra lengua. 
Hay muchas más secciones en el Parents Guide del IMDB: están el Violence & Gore, o el Alcohol & Drugs & Smoking, que en el caso de Ted y su compitrueno, también toxicómanos y pendencieros, se estiran y se estiran hasta el infinito en un código levítico espeluznante. La conclusión de los  inquisidores es colocarle a Ted una R como una casa de grande, lo que significa, en Estados Unidos, que ningún jovenzuelo menor de diecisiete años pudo verla en los cines sin acompañamiento tutelar. No recomendada para menores de dieciséis años, fue su estigma en nuestra Piel de Toro. Una exageración, se mire como se mire. Pitufo, que en estas asignaturas es uno de los alumnos más modositos del instituto, ha digerido Ted sin mayores problemas. ¿Tacos?: nada comparable a lo del fútbol. ¿Tetas?: ya ha visto muchas en los anuncios de champú. ¿Actitudes sexuales?: quince o veinte, en cada recreo. Ted es tan adecuada o inadecuada para un pre-adolescente como el mundo real. Ni más, ni menos. Pero mucho más divertida, eso sí.


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