Boss, versión doblada

Encaro el segundo episodio de Boss con la determinación delictiva de no verlo en versión original. En la primera entrega, con el galimatías de los nombres y los enredos, sufrí unos mareos terribles mientras leía unos subtítulos a todas luces insuficientes. En la versión doblada, como castigo, me encuentro al doctor Frasier Crane haciendo de alcalde corrupto de Chicago. Han sido unos minutejos de desconcierto, banales y rápidamente subsanados por la costumbre del oído. Peor ha sido la experiencia de escuchar al gobernador de Illionis con la voz de Clancy Wiggum, el policía gordinflón de Los Simpson. ¿Cómo tomarse en serio a un hijoputa de manual si suelta sus corruptelas, sus amenazas, sus broncas tremendísimas, con la voz cómica de un dibujo animado? El doblaje de Clancy es una retintín que se nos ha quedado asociado a la vaguería, a la incompetencia, a la deducción estúpida de quien no tiene dos dedos de frente y se pasa el día comiendo donuts y durmiendo siestas en el coche patrulla. En una persona inteligente y malévola, atareada e influyente, como es este cabronazo del gobernador, este tonillo, aunque traten de disimularlo, no tiene cabida ni sentido.

Son las cosas del doblaje. Su estafa implícita. La comodidad de los ojos a cambio de la adulteración del producto. Lo tomas, o lo dejas.


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