Sherlock Holmes: Juego de sombras

He visto Sherlock Holmes: Juego de sombras con un ojo atento y el otro desconfiado.  Cualquier acercamiento a la figura de Sherlock Holmes siempre tiene algo de distinción victoriana y de intriga asegurada. El actor que hace de Moriarty es el mismo tipo  hermético que hace de ejecutivo inglés en Mad Men. Y Sherlock, claro está, es Robert Downey Jr., y el amigo Robert es un actor impagable que siempre queda bien aunque la mediocridad lo circunde. Porque al final, para solaz de la plebe, y aumento de la recaudación, Juego de sombras desemboca en persecuciones y explosiones mil veces vistas. La sensación de fraude se impone a las primeras emociones. Es, definitivamente, un subproducto cultural. El refrito aceitoso de las novelas de Conan Doyle, de La vida privada de Sherlock Holmes que rodara Billy Wilder, de la modernísima serie Sherlock que ya he ponderado y aplaudido en estas páginas. Una versión defectuosa del original. Un tipo feo y con gafas sosteniendo el cubata en mitad de la pista, al acecho de mujeres hermosas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com