La Dama de Hierro

Grabo en los canales de pago -pero no para verla yo, sino mi madre- La dama de hierro. Me niego a ver esta película. Adivino en ella un biopic laudatorio que me causaría una úlcera sangrante, como poco.  Alguno dirá: ¿y tú que sabes? No la has visto. Y es cierto, pero las reseñas, unívocas, no dejan lugar a la duda. La dama de hierro es el retrato condescendiente de una gran mujer peleando en un mundo de hombres, ambiciosa y obsesiva, trabajadora y eficiente, admirada y temida.. Nunca fui un devoto de Meryl Streep. Más allá de su arte y de su virtuosismo, su rostro siempre produjo en mí una antipatía instintiva. No lo puedo remediar. Y de Margaret Thatcher, que inspiró los ataques contra el Estado del Bienestar que ahora siembran el pánico en media Europa, que se proclamó enemiga pública del proletariado al que uno pertenece por origen, por simpatía, por empleo, prefiero no decir nada. Y no saber nada. No quiero que me sumen como espectador a las estadísticas triunfantes de esta película. Vade retro, esta respetuosa biografía, este acercamiento comprensivo, este retrato de la gran mujer que se escondía tras la primera ministra. 


            Le pregunto a mi madre su opinión cuando termina de verla: “Qué gran mujer”, es lo primero que le viene a los labios. Y lo dice una pensionista de los cuatro duros, una ex-ama de casa de la economía sumergida, una mujer del barrio y del carrito de la compra que cuando yo era niño contaba las pesetas como si fuesen pepitas de oro. Y que ahora, con la Unión Europea, y la crisis, cuenta los euros como lingotes del mismo metal. Qué gran mujer, me suelta, la Thatcher... Qué decisión, sí, qué arrojo, qué ovarios. Qué inteligencia, y que poderío. Gobernaba para los ricos, eso es verdad. Y los pobres, que se jodieran, como ahora. Pero qué gran mujer. De una pieza. Hecha de bronce, la tía. Más aún: de hierro, como su mismo apodo, acertadísimo por cierto, indica.
La maquinaria propagandista ha conquistado un nuevo corazón entre las filas del enemigo de clase. Uno más. Margaret, Maggie, gracias al biopic, gracias a la puta película, ya no le cae tan mal a otra pensionista. E incluso ya no sale tan adusta en las fotos.  A  esto me refería.


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