American Horror Story

Qué mejor noche que ésta, la del Halloween de los anglosajones, para estrenar en mis pantallas la aclamadísima American Horror Story. Y qué mejor lugar que éste para dejar constancia de mi aburrimiento inconsolable, de mi decepción supina. Los dos primeros episodios son el greatest hits de lo mil veces visto en el género de terror. El disco recopilatorio de lo mil veces manido. Qué lejos estaba yo de saber, hace unos días, cuando me lancé a enumerar los topicazos del género a propósito de Darkness, que me los iba a encontrar de nuevo en tan corto plazo de tiempo, copiaditos, calcaditos, como dos gotas de agua. Como dos gotas de sangre.



            Para qué volver, una vez más, sobre ellos... Sé que los fanáticos del género no esperan otra cosa, que no demandan otra cosa. Éste es su producto, en el punto justo de cocción y aderezo. Ser original, en las películas de terror, es muy malo para el negocio. O quizá es que no hay más cera que la que arde. Quién sabe. Quizá ya esté todo dicho en el género de los sustos, como sucede en el western, o en las comedias románticas, y sólo quede el recurso del eterno retorno sobre lo mismo, del homenaje a los clásicos, o del plagio a los contemporáneos. No lo sé. Lo que tampoco sé, y eso es más grave, es qué coño pinto yo insistiendo en estas películas, y en estas series, que ni siquiera me gustan, y que me hacen perder tantos ratos en esta escritura tonta, denunciando, despotricando, justificando mis absurdas programaciones.




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