The Newsroom. El estreno

Nos quedará, para los restos, como un momento seriéfilo al que regresar una y otra vez, el discurso de Jeff Daniels sobre “Por qué América ya no es el mejor país del mundo”. La denuncia de Aaaron Sorkin contra el naufragio de los ideales no tiene desperdicio. No se había escuchado una diatriba así contra los yanquis desde aquéllas que soltaban los puertorriqueños de West Side Story. Después de ver el episodio completo, he superado mi vagancia homersimpsoniana y en esfuerzo supremo, impropio ya de mis años y de mis grasas, me he levantado del sofá para proveerme de bolígrafo anotar, palabra a palabra, las verdades que como dardos allí se sueltan. Son tres minutos de alta política que hubiese firmado el mismísimo Cicerón ante el senado de Roma. Hay que estar muy lúcido, y muy ágil, y vivir con un metrónomo metido en la cabeza, para estructurar estas parrafadas que escribe Aaron Sorkin. El envidiado, Aaron Sorkin. Para acertar no sólo en el fondo, sino en la forma, maravillosa, inalcanzable para los escribanos sin talento.




Sin embargo, esto no ha sido lo mejor en el estreno de The Newsroom. Hay diez minutos fulgurantes, hacia el final del episodio, en los que uno asiste boquiabierto al entramado oculto de un informativo emitido en directo, con una noticia bomba que hay que ir confirmando y desgranando a toda prisa para no ser pisados por la competencia. Hay periodistas que recaban, responsables que deciden, redactores que resumen, diseñadores que dibujan, técnicos que reajustan. Un presentador que va recibiendo por el pinganillo nueva información que anota en las breves pausas. Todos frenéticos, histéricos, atropellados, y sin embargo, certeros.  Unos profesionales del medio. The Newsroom, para mi gozo, es una nueva entrega de National Geographic sobre cómo el homo sapiens trabaja en lo suyo. Ver a esta gente me reconcilia con la especie humana. Mi misantropía encuentra en las personas inteligentes o talentosas el bálsamo momentáneo de una tregua. Son gentes muy difíciles de encontrar en este lado de la pantalla, en este mundo real de la carne y el hueso donde la estupidez es la medida habitual del pensamiento... 





4 comentarios:

  1. Felicidades, ya has visto lo mejor de The Newsroom. A partir de aquí verás como se te van inflamando, poco a poco, pero sin pausa, las gónadas. Eso si, Olivia Munn está impresionante.

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  2. Queridísimo Polonyi:
    Siento disentir de usted en esta ocasión. En realidad estoy re-viendo The Newsroom, antes de ponerme con su tercera y última y mínima temporada, y la experiencia anterior fue altamente gratificante. Usted, seguramente, dispara contra las historias de amor tontorronas, y en eso le doy la razón, pero el resto es tan bueno que lo compensa. Hasta una nueva y amistosa disensión, le saluda este escribano.

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  3. Uf. Soy admirador de Sorkin pero creo que esta serie adolece de todos los defectos y vicios del showrunner. Estos son: todos los personajes hablan igual, y lo que es peor, son todos brillantes. El becario indú por ejemplo es más profundo que Borges. Olivia Munn habla igual que el personaje de Mark Zuckerberg en la Red Social (también de Sorkin) y sabe tanto de economía que está para que le den el Nóbel (te digo yo que está perdiendo dinero). Qué decir del tema de los valores morales: los buenos son tan buenos y con una conducta tan intachable que son incapaces de pispar un boli, todo muy irreal y un poco aburrido. Creo que en algún capítulo Jeff Daniels paga de su bolsillo a los trabajadores... en fín... ciencia ficción. Es cierto que hay una tibia crítica a EEUU en el primer capítulo, pero es tan solo un paso atrás para coger más fuerza en su defensa de los valores del imperio. Otras series de sorkin como El Ala (es cierto que aquí los personajes también son brillantes, pero se justifica más que así sea, ya que son el núcleo duro del presidente de EEUU, usease, una élite intelectual)... o Studio 60 (los primeros 5 cap) me parecen más logrados. Bueno, es mi punto de vista. Un saludo!

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  4. Lo bonito de The Newsroom es que es, precisamente, ciencia ficción. El telediario idealizado. Igual que El ala oeste de la Casa Blanca era el gobierno idealizado. Sorkin escribe sobre realidades paralelas que son inalcanzables, y esa es la gracia. De un modo extraño son como cuentos o parábolas. Yo, al menos, me las tomo así, y las disfruto sin irritación.
    Un saludo no: muchos.

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