El rey de la colina

Meses después de haber visto Bubble y The Girlfriend Experience, completo este miniciclo errático de las películas escondidas de Steven Soderbergh con El rey de la colina. Había leído en algún sitio que las desventuras de este niño en la América deprimida de los años treinta componían la mejor película de Soderbergh. Supongo que quien esto escribió no había visto Sexo, mentiras y cintas de vídeo, o Traffic, o que simplemente, como tantas otras veces, sólo tenía ganas de darse pisto declarando genial una película que el populacho debía de desconocer. He vuelto a caer, una vez más, en la trampa de estos tipejos. No es mala película, El rey de la colina, que tiene un pase como fábula de superación personal, pero que no pasa de ser eso, un cuento con moraleja, un pasatiempo con mensaje, una historia que mi recuerdo difuminará, fraccionará y perderá en el plazo de unos meses. 





            Habría que establecer ahora, si esto fuese un diario serio, un paralelismo documentado y esclarecedor entre la Gran Depresión del 29, tema de fondo de El rey de la colina, y la Super Depresión que ahora mismo se está llevando nuestros dineros. Pero esto, como ya habrán deducido los lectores más inteligentes, no es un diario serio. Sólo un manojo de ocurrencias soltadas al capricho de mis cortas entendederas.

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