Paradise Lost 3

En la sobremesa, con Paradise Lost 3, termino  el ciclo dedicado a uno de los enredos juidiciales más absurdos que uno haya visto. Definitivamente están chalados, estos americanos. Sólo en un sistema jurídico como el suyo se pueden fallar semejantes despropósitos, y llegar a semejantes arreglos. Y dejar que el verdadero culpable, of course, siga viendo el béisbol en el salón de su casa con una Budweiser en la mano. 


            Con Paradise Lost 3 el asunto remonta y coge vuelo. Ya no es el material reciclado y vergonzante de la segunda parte. Hemos saltado varios años de un golpe y los nuevos indicios que se han ido acumulando dan un giro insólito al caso. Aparecen nuevos abogados, nuevos jueces, nuevos grupos de apoyo a los condenados que lideran  tías que vienen de California y están más jamonas que las anteriores... Así que, al final, mereció la pena el experimento. Y no sólo porque el asunto del crimen tuviera su morbo, que uno también es espectador de bajos instintos cuando quiere, sino porque además, con estos retratos de la América Profunda, el televidente atento adquiere una culturilla sobre cómo se las gastan los amos del mundo en sus asuntos internos. Un conocimiento que ya es, por otro lado, inútil del todo, ahora que los chinos les van arrojar de la diligencia para tomar ellos las riendas. Habrá que empezar, poco a poco, a ver películas que nos ilustren sobre su oriental idiosincrasia. Con las de Zhang Yimou, de momento, no basta. O salen tíos zurrándose a espadazos en la China medieval, o salen comunistas muy malos en la China rural de Mao. Y en China, que uno sepa, ya no quedan guerreros matándose con espadas, ni comunistas que levanten el puño sin partirse de la risa.


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