Delicatessen

Por la noche, ante la estantería, en el minuto vertiginoso de la elección, mi dedo se deslizó por los lomos de la sección francesa hasta encontrar Delicatessen, primera película del genio Jean Pierre Jeunet.
            Hace ahora veinte años, Delicatessen casi me costó el noviazgo que más tarde desembocaría en el fruto pitúfico, o pitufal, de su vientre.  El carnicero asesino, el canibalismo vecinal, el humor más negro que el corazón de Esperanza Aguirre... todo eso dejó traumatizada para varios días a mi inocente flor de la campiña. Y decidida, también, sospecho, a buscarse otro novio más convencional, uno formalito que no se partiera el culo de risa con las sanguinolencias -más imaginadas que vistas- de esta 13 rue del Percebe a la francesa. Pero tuvo dudas, o no tuvo suerte, o encontró en mi interior virtudes que ahora, con la edad, también he perdido.
            Delicatessen le puso sobre aviso de mi personalidad oculta. Pero era, al fin y al cabo, una comedia. Una cosa de no tomarse muy en serio. 


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