VOS

Una hora y media me separaba de la llegada del sueño, que irrumpe con puntualidad británica a las doce de cada noche, justo cuando empiezan los programas deportivos en la radio. Tuve, pues, que afanarme en la búsqueda de una película corta, ágil, de digestión sencilla, que me hiciera olvidar el mal trago propuesto por Godard. Y encontré VOS, película catalana inestrenable por estos lares que robé al abordaje el año pasado, por ir actualizando la filmografía de Cesc Gay, el tipo que me regaló películas tan dignas como Krámpack o En la ciudad. 




            VOS es una cosa rara, un experimento teatral en el que los actores van decidiendo la trama de la película en conversaciones que rompen la ficción dramática. Es chula, la idea, pero al final uno acaba aburrido, y un pelín decepcionado.  Es una película fallida, que no mala. Las películas malas son engendros condenados al fracaso desde el primer momento. Las fallidas, en cambio, traslucen un saber hacer, una propuesta arriesgada, un toque de inspiración, aunque luego la idea no cuaje, o se vaya por peteneras. Son películas que se agradecen, aunque defrauden. Porque es ahí, en el campo de la experimentación, del riesgo, donde se cuecen las obras maestras que luego cambian la historia del cine y justifican, por pocas que sean, una vida entera dedicada a perseguirlas y disfrutarlas.

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