El caprichoso pene de Charlie Sheen

La realidad me aplasta, me impide respirar. Siempre hay algo que requiere un acto, una atención, un pensamiento que me aleja de las películas, y del placer de escribir sobre ellas. a dijo Houellebecq que era imposible escribir por la misma razón que es imposible vivir: debido a las pesadeces que se acumulan. Cocinar y fregar; comprar y colocar; contestar al teléfono y lavarse los dientes; dormitar a media tarde y pasear al perro... Todo es ineludible y trivial. Para escribir hay que renunciar a vivir. O ser protagonista de la vida, o dedicarse a narrarla. Pero yo ni escribo ni vivo. No vivo, al menos, las grandes aventuras que justificarían no perder el tiempo en escribir sobre ellas. Para sentirme realmente vivo - fresco, juicioso, intrépido, estiloso, jamesbondiano-  necesito las películas, la vida enlatada. ¡Pero es tan escaso el tiempo diario que dura el autoengaño! Apenas dos horas, casi siempre robadas al sueño necesario. Y a veces ni eso, como hoy: apenas una hora de ficción que ha tenido que compensar otras veintitrés repletas de mí mismo.





                 Y ni siquiera una hora: apenas cuarenta minutos, un par de episodios de Dos hombres y medio mientras yo emulaba a Perico Delgado en la inmensidad pirenaica de mi habitación, meneando las lorzas sobre la bicicléta estática. El primer episodio, tengo que decirlo, es una obra maestra de las sitcom estadounidenses. Veinte minutos antológicos que habría que anotar en una libreta para no perderse ni un solo chiste, ni una sola réplica.  El asunto iba, básicamente, de sexo. El segundo episodio, por contra, ya divagaba sobre otros asuntos menos estimulantes, como el divorcio o la relación con los niños, con los buenos sentimientos asomando de nuevo la patita como una amenaza de ñoñería. Se ve cada vez más clara la dicotomía de esta serie: cuando la trama gira alrededor de Charlie Sheen y los caprichos de su pene, el episodio toca las alturas de las mejores series. Se vuelve adulta, cínica, incluso descarnada, pues deja, por debajo de las carcajadas, un poso de pesimismo sobre el eterno litigio de la guerra de sexos Ningún personaje se salva en estos episodios: todos van a lo suyo, taimados y retorcidos, calculadores y plastas, como en las películas de Berlanga. Como en la vida real. En cambio, cuando la trama se dispersa, la comedia se vuelve bienintencionada, familiar, casi didáctica en asuntos de moral. Se vuelve complaciente con el gran público. Casi grimosa. Como la vida irreal.


2 comentarios:

  1. si señor charlie seen forever hay que seguir su twitter de desequilibrado mental para ver que es un crack. Por cierto me gustaria seguirte en facebook asi que si lo adjuntas en la respuesta mejor ya que veo que valoran tu talento por la cantidad de comentarios que hay xd

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  2. Que "El capricho pene de Charlie Sheen" sea lo más popular de estos humildes escritos se debe, sin duda, al título. Con que un 0,001 % de los degenarados del mundo que tecleen "pene" en los buscadores caigan por aquí, ya tengo el negocio hecho. Mi inglés macarrónico -¿o debería decir pudínico?- me impide seguir los tweets de los extranjeros, pero gracias por tu recomendación. Gracias, también, por tu comentario. En el facebook soy Álvaro Rodríguez Martínez. Tal cualico. Con el careto de Larry David, mi hermano mayor, mi alter ego, mi guía espiritual en este valle de lágrimas.

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